El bacalao es uno de esos alimentos que, cuando aparece en la cocina, ya transmite cierta confianza. No falla. Lo llevo usando años, tanto en casa como en contextos más “formales”, y siempre me sorprende lo bien que se adapta a situaciones muy distintas. Precisamente por eso, las recetas con bacalao siguen siendo tan buscadas, es un pescado accesible, fácil de encontrar y con una capacidad enorme para encajar en cocinas muy diferentes, algo que comparte con otras recetas de pescado presentes en la cocina diaria.
Más allá de la tradición, esta pescado tiene algo que lo hace especial, es práctico. No tiene un sabor excesivamente intenso, su textura es firme pero jugosa cuando se trabaja bien y permite múltiples formas de conservación. Eso explica por qué aparece tanto en recetarios familiares como en propuestas más actuales.
Elige tu próxima receta con bacalao
Debajo encontrarás una selección de recetas pensadas para distintos momentos y niveles de experiencia. Desde opciones más sencillas hasta elaboraciones algo más completas, todas comparten un mismo objetivo, ayudarte a sacar partido al bacalao de forma práctica y sin complicaciones. Elige la que mejor encaje contigo y ve directo a lo que te apetece cocinar hoy.

¿Qué hace al bacalao tan interesante en la cocina?
Desde un punto de vista culinario, destaca por su versatilidad. Puede actuar como ingrediente principal o como base que acompaña otros sabores sin eclipsarlos. En mi experiencia, funciona especialmente bien cuando se busca equilibrio, ni graso ni seco, ni demasiado potente ni plano.
Además, admite distintos formatos, no todo el mundo cocina igual ni dispone del mismo tiempo.
Entre sus puntos fuertes destacan:
- Textura firme que no se deshace con facilidad.
- Sabor suave, ideal para públicos variados.
- Buena respuesta a diferentes técnicas de cocinado.
Y eso, en una cocina real, se agradece mucho.
Bacalao fresco y bacalao salado: diferencias clave
Uno de los aspectos que más dudas genera es la diferencia entre utilizarlo fresco o salado. Ambos parten del mismo pescado, por supuesto, pero su tratamiento cambia por completo la experiencia en cocina.
El fresco suele ser más directo de usar. Tiene una textura jugosa y un sabor limpio, perfecto cuando se busca rapidez o un resultado más ligero. El salado, en cambio, requiere planificación. El proceso de desalado (que no siempre se hace igual) transforma su carne y concentra matices que no aparecen en el fresco.
No diría que uno es mejor que otro. Depende del contexto, del tiempo disponible y del resultado que se quiera conseguir. Esa dualidad es, precisamente, uno de los motivos por los que las recetas con bacalao ofrecen tanta variedad.
Valor nutricional del bacalao
A nivel nutricional, el bacalao juega en una liga muy interesante. Es un pescado blanco con alto contenido en proteínas y bajo en grasa, lo que lo hace habitual en dietas equilibradas. Además, aporta minerales como fósforo y potasio, y vitaminas del grupo B.
Algo que suelo comentar es que, aunque es ligero, resulta saciante. Eso lo convierte en un alimento muy agradecido cuando se busca comer bien sin sensación de pesadez. Eso sí, en el caso del bacalao salado, conviene controlar el contenido en sodio tras el desalado, sobre todo si se consume con frecuencia.
Cómo elegir un buen bacalao

Elegir bien el producto marca la diferencia. No hace falta ser experto, pero sí fijarse en algunos detalles básicos. En el bacalao fresco, el color debe ser blanco nacarado, sin manchas oscuras ni olor fuerte. En el bacalao salado, la pieza debe ser uniforme, sin exceso de humedad ni zonas amarillentas.
Un truco sencillo, si al tacto la carne se siente firme y elástica, suele ser buena señal. Puede parecer un detalle menor, pero para este tipo de recetas, la calidad del pescado se nota más de lo que muchos piensan.
Un ingrediente que nunca pasa de moda
Este pescado ha sabido adaptarse al paso del tiempo sin perder su esencia. Sigue presente en cocinas tradicionales, pero también en propuestas más actuales que buscan reinterpretar lo de siempre con otra mirada. Esa capacidad de reinventarse es lo que mantiene vivo el interés por las recetas con bacalao año tras año.
Si has llegado hasta aquí buscando ideas, inspiración o simplemente entender mejor por qué este pescado tiene tanta presencia, estás en el lugar adecuado. Desde esta página podrás explorar distintas formas de trabajar el bacalao según tus gustos, tu tiempo y tu forma de cocinar.
Y ahora dime, con sinceridad: ¿eres más de bacalao fresco o de bacalao salado?
Preguntas frecuentes sobre las recetas con bacalao
Depende mucho del resultado que busques y del tiempo del que dispongas. El desalado suele ofrecer un sabor más profundo y reconocible, muy ligado a la cocina tradicional, ya que el proceso de salazón concentra matices y mejora la textura cuando se trabaja bien. El fresco, en cambio, es más suave y limpio, ideal si buscas un resultado ligero o una preparación rápida sin pasos previos. El congelado puede ser una opción muy válida en muchas ocasiones, siempre que sea de buena calidad y se descongele lentamente en frío para no perder jugosidad.
El error más habitual es pasarse con el tiempo o con la temperatura. Estamos ante un pescado delicado y agradece cocciones suaves y controladas. Técnicas como el horno a baja temperatura, el confitado o una plancha moderada ayudan a conservar su jugosidad. También influye cocinarlo con algo de grasa —aceite o una salsa—, ya que crea una protección natural que evita que el pescado se reseque antes de tiempo.
Como referencia general, un lomo de tamaño estándar suele ser suficiente para dos personas si actúa como plato principal. En contextos donde va acompañado de guarniciones completas, verduras o legumbres, puede repartirse sin problema en tres raciones. Ajustar bien las cantidades es clave, ya que es un pescado saciante pese a ser ligero.
Este pescado agradece acompañamientos que aporten contraste sin robarle protagonismo. Las patatas, las verduras asadas, los pimientos o las legumbres funcionan especialmente bien porque equilibran el plato tanto en sabor como en textura. Además, ayudan a convertir las elaboraciones en opciones más completas y satisfactorias desde el punto de vista nutricional.
Los métodos que respetan su estructura natural son los que mejor resultado ofrecen. El confitado potencia su untuosidad, el horno permite una cocción uniforme y la plancha a fuego medio realza su sabor sin enmascararlo. En todos los casos, el control del tiempo es más importante que la técnica en sí, algo que se nota mucho en cualquier receta bien ejecutada.
Una señal clara es cuando las lascas se separan fácilmente al presionarlo ligeramente y el interior mantiene un aspecto jugoso. Si el bacalao empieza a desmenuzarse en exceso o pierde brillo, probablemente se ha pasado. Aprender a identificar este punto marca la diferencia entre un bacalao correcto y uno realmente apetecible.
Este pescado blanco es muy agradecido cuando sobran restos. Puede reutilizarse sin problema en croquetas, tortillas, ensaladas templadas o rellenos, manteniendo sabor y textura.
