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Recetas con guisantes: beneficios, tipos y consejos para sacarles el máximo partido

Todo sobre los guisantes: sus tipos, beneficios y cómo cocinarlos para sacarles el máximo sabor antes de explorar nuestras recetas.

Durante mucho tiempo pensé que los guisantes eran solo ese toque verde que se colaba en los arroces o en algún guiso de domingo. Pero un día, al probarlos salteados con menta fresca y un poco de limón, descubrí que tenían mucho más que ofrecer. Desde entonces, se han convertido en uno de mis ingredientes favoritos por su versatilidad y por lo bien que combinan con casi cualquier plato.

En este artículo quiero compartir todo lo que he ido aprendiendo sobre ellos, los distintos tipos de guisantes, sus beneficios nutricionales y algunos trucos para cocinarlos sin que pierdan su color ni su dulzor natural. Y si te apasiona el mundo de las legumbres tanto como a mí, te invito a echar un vistazo a otras recetas elaboradas con legumbres que también merecen un lugar en tu cocina.

Porque sí, los guisantes pueden parecer sencillos, pero cuando se entienden y se cocinan con mimo, son capaces de transformar un plato corriente en algo que realmente merece la pena cocinar.

Recetas con guisantes para todos los gustos

Desde cremas suaves y reconfortantes hasta salteados llenos de color, los guisantes se adaptan a casi cualquier plato. Aquí encontrarás una selección de recetas con guisantes fáciles, sabrosas y nutritivas, pensadas para sacar el máximo partido a este pequeño gran ingrediente.

Un plato de guisantes con jamón

Por qué los guisantes son mucho más que una guarnición

Recuerdo el olor a jamón y cebolla en la cocina de mi abuela cada vez que cocinaba guisantes con jamón. Allí empezó mi relación con los guisantes, una historia que no fue amor a primera vista. Pero con el tiempo descubrí que su sabor dulce y su color vibrante pueden transformar un plato corriente en algo extraordinario.

Los guisantes no son solo un acompañamiento, son una legumbre ligera, versátil y nutritiva, perfecta tanto en platos calientes como fríos. Forman parte de la cocina mediterránea, aportando textura, color y un punto de frescura inconfundible. Además, su dulzor natural combina bien con ingredientes salados, ácidos o frescos, lo que los convierte en un comodín culinario.

Tipos de guisantes y cuándo utilizarlos en la cocina

Los guisantes son mucho más versátiles de lo que solemos pensar. No todos se comportan igual ni se cocinan de la misma forma, los hay frescos, congelados, secos e incluso en vaina o tirabeques, cada uno con su propio carácter. Conocer sus diferencias es la clave para sacarles todo el partido en la cocina.


Guisantes frescos: sabor y temporada

Los guisantes frescos son una auténtica delicia primaveral. Su sabor dulce, casi floral, y su textura tierna los hacen ideales para salteados rápidos, ensaladas templadas o incluso para comerlos crudos, recién desgranados, si están muy tiernos. Eso sí, su magia dura poco, a los pocos días de la cosecha, el azúcar natural que contienen se transforma en almidón, volviéndolos harinosos y menos sabrosos.

Cuando desgrano guisantes frescos, ese chasquido seco y rítmico me transporta directamente a la cocina de mi infancia. Recuerdo a mi abuela separándolos con paciencia, mientras el vapor de una olla al fondo anunciaba que algo bueno estaba por llegar. Hoy los disfruto como lo que son, pequeñas joyas de temporada, perfectas para aprovechar en su punto justo de madurez.

Cuándo usarlos: en platos ligeros y primaverales donde el sabor y la textura sean protagonistas, como una crema fría, un risotto o una guarnición con mantequilla y menta.


Guisantes congelados: la opción práctica y constante

Durante años pensé que los guisantes congelados eran una versión pobre de los frescos, hasta que aprendí a cocinarlos correctamente. Los guisantes congelados se ultracongelan justo después de la recolección, en su punto óptimo de dulzura. Gracias a ello, conservan su color verde intenso, su textura crujiente y su sabor natural durante meses.

En mi cocina son un básico, me permiten preparar platos equilibrados y nutritivos en cualquier época del año, sin preocuparme por la temporada. Además, su precio suele ser muy asequible y su versatilidad enorme.

Consejo personal: no los descongeles antes de usarlos. Pásalos directamente del congelador a la sartén o a la olla para mantener su textura al dente y su tono brillante. Un toque de aceite de oliva y hierbas frescas basta para convertirlos en un acompañamiento delicioso.

Cuándo usarlos: en purés, arroces, tortillas, revueltos o guisos rápidos. Son la mejor opción si buscas comodidad y sabor constante todo el año.


Guisantes secos o partidos: la versión de legumbre tradicional

Menos conocidos pero muy valiosos, los guisantes secos —también llamados guisantes partidos— pertenecen al grupo de las legumbres, al igual que las lentejas o los garbanzos. Se obtienen dejando madurar el guisante en la planta hasta que pierde su humedad y se parte naturalmente por la mitad.

Su sabor es más terroso y profundo, y al cocerse se deshacen fácilmente, lo que los hace perfectos para cremas, potajes o purés reconfortantes. Además, son una excelente fuente de proteína vegetal, fibra y minerales, ideales para quienes siguen una dieta vegetariana o buscan opciones más sostenibles.

Cuándo usarlos: en platos de cuchara, sopas densas o como base de cremas especiadas al estilo oriental. Son una opción económica, nutritiva y muy saciante.


Tirabeques y guisantes del azúcar: la versión crujiente y delicada

Existen dos variedades que merecen mención aparte, los tirabeques y los guisantes del azúcar (o mangetout). A diferencia de los anteriores, se consumen con la vaina, que es fina, dulce y completamente comestible.

Los tirabeques tienen una forma más plana y un sabor suave, mientras que los guisantes del azúcar son ligeramente más gruesos y con un toque más dulce. Ambos se cocinan en cuestión de minutos y aportan una textura crujiente deliciosa.

Cuándo usarlos: en salteados asiáticos, woks, ensaladas templadas o como guarnición ligera. Basta con saltearlos un par de minutos para mantener su frescura y ese crujido tan característico.


En resumen, los guisantes no son todos iguales, cada tipo tiene su propio momento y su encanto. Desde la dulzura de los frescos hasta la constancia de los congelados, pasando por la nutrición potente de los secos o la ligereza de los tirabeques, hay un guisante perfecto para cada receta. Y conocerlos bien es el primer paso para sacarles el máximo partido en la cocina.

Cómo cocinar guisantes para conservar todo su sabor y color

Un cuenco con guisantes

Tiempos de cocción y técnicas básicas

La clave para disfrutar de unos guisantes perfectos está en encontrar el punto justo de cocción. Un guisante pasado es una pequeña tragedia, pierde su color verde intenso, su textura jugosa y ese toque dulce tan característico. En cambio, cuando está al dente, ofrece una explosión suave y fresca en la boca que no se parece a nada más.

Hay varias formas de prepararlos, según el resultado que busques. Puedes cocerlos al vapor durante 5 o 7 minutos si quieres preservar su sabor más puro; saltearlos con un poco de aceite de oliva virgen extra para aportarles un toque mediterráneo; o escaldarlos entre 7 y 10 minutos en agua hirviendo y enfriarlos después en agua con hielo para fijar el color y mantener su textura firme. Cada técnica saca a relucir una faceta distinta del guisante, desde la dulzura hasta el punto crujiente.

Un pequeño truco que suelo aplicar: añadir una pizca de azúcar al agua de cocción. Ayuda a mantener su dulzura natural, sobre todo si no son guisantes recién recolectados.


Errores comunes y cómo evitarlos

Cocinar guisantes parece sencillo, pero hay varios errores clásicos que pueden arruinar el resultado:

  • Usar demasiada agua, lo que diluye el sabor. Basta con cubrirlos ligeramente o recurrir al vapor.
  • Añadir la sal desde el inicio: endurece la piel y apaga el color. Es mejor incorporarla al final, justo antes de servir.
  • Tapar completamente la olla durante la cocción. Los guisantes necesitan un poco de oxígeno para conservar su verde brillante, así que deja siempre una pequeña abertura o levanta la tapa de vez en cuando.

Si sigues estos pasos, los guisantes conservarán su sabor, su textura y su color vibrante sin esfuerzo.


El toque personal: menta, jamón, limón o queso

Una de las cosas que más me gusta de los guisantes es su capacidad para combinar con ingredientes muy distintos. Son como un lienzo verde dispuesto a absorber matices, el salado del jamón ibérico, el toque ácido del limón, la frescura de la menta o la suavidad del queso.

En mi experiencia, la menta y el limón son los aliados más fieles para realzar su dulzura natural sin enmascararla. Un salteado rápido con unas hojas de menta fresca o unas gotas de limón justo antes de servir transforma cualquier plato sencillo en algo mucho más vivo.

Y si buscas un toque más reconfortante, añade un poco de queso curado rallado o jamón crujiente, el contraste entre lo salado y lo dulce convierte los guisantes en un bocado imposible de olvidar.

Beneficios de los guisantes

Pocos ingredientes combinan tan bien lo nutritivo, lo sabroso y lo sostenible como los guisantes. Detrás de su aspecto discreto se esconde una auténtica joya verde cargada de beneficios para el cuerpo y para el planeta.

Son una fuente fantástica de fibra, proteínas vegetales y vitaminas del grupo B, nutrientes esenciales para mantener la energía estable y favorecer el metabolismo. Además, aportan hierro, magnesio, ácido fólico y antioxidantes, convirtiéndolos en aliados de la salud digestiva y cardiovascular. Su bajo contenido en grasa y su alto poder saciante los hacen ideales para dietas equilibradas o de pérdida de peso, ya que ayudan a controlar el apetito sin renunciar al sabor.

Pero hay algo más que los hace especiales, su cultivo es sostenible y respetuoso con el entorno. Los guisantes fijan nitrógeno en el suelo, mejorando su fertilidad y reduciendo la necesidad de fertilizantes químicos. Por eso, incluirlos en la dieta no solo es una buena decisión nutricional, sino también una elección ecológica y responsable.

Si quieres conocer en detalle el perfil nutricional de este alimento, puedes consultar el informe completo de la Fundación Española de la Nutrición (FEN) sobre el guisante (Pisum sativum), donde se especifican sus valores energéticos, contenido en vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales. Descargar el documento oficial en PDF.


Usos creativos del guisante en la cocina diaria

Recetas con guisantes. Un plato con crema de guisantes con nata.

Una de las cosas que más me sorprendió al empezar a cocinar con ellos fue descubrir su enorme versatilidad. Pueden ser la base de sopas, cremas suaves, purés ligeros, tartas saladas, ensaladas frías o incluso salsas tipo “guacamole” vegetal. Su sabor dulce y su color vibrante aportan vida a cualquier plato, incluso a los más sencillos.

En casa suelo usarlos para dar color y textura a preparaciones rápidas, o para sustituir almidones como la patata o el arroz en versiones más ligeras de platos clásicos. Son perfectos para experimentar en la cocina sin complicarse, basta con tenerlos a mano para improvisar algo saludable y lleno de sabor.

Tip de combinación:

  • Queso feta o jamón: aportan un toque de salinidad.
  • Limón o yogur natural: añaden acidez y frescura.
  • Hierbas aromáticas como la menta o el eneldo: suman profundidad y aroma.

Curiosidades y consejos personales sobre los guisantes

Cada vez que cocino con guisantes, me viene a la cabeza una frase que solía repetir mi abuela:

“Son monedas de la suerte, pequeño. Cuantas más te comas, más suerte tendrás.”

Con los años he llegado a pensar que, de algún modo, tenía razón. Los guisantes me han acompañado a lo largo de mi vida, y me han enseñado a tener paciencia y respeto por los ingredientes. Me enseñaron que la cocina no siempre necesita ser compleja para ser buena, y que los sabores más simples suelen ser los que mejor permanecen en la memoria.

Si algo he aprendido con el tiempo es que los guisantes premian la atención y la sencillez, cuanto menos los manipules, mejor conservan su color, su dulzura y su textura. Cocínalos con mimo, combínalos con ingredientes frescos y deja que hablen por sí solos. A veces, lo más humilde es también lo más delicioso.

Preguntas frecuentes sobre los guisantes

¿Los guisantes congelados son tan buenos como los frescos?

Sí, y en muchos casos incluso mejores. Los guisantes congelados se ultracongelan justo después de la cosecha, en su punto óptimo de madurez. Este proceso permite conservar su dulzura, textura y color verde intenso, además de mantener la mayoría de sus vitaminas y minerales intactos. En cambio, los guisantes “frescos” que han pasado varios días almacenados o en transporte pueden perder parte de su valor nutricional y volverse más harinosos. Por eso, si no es temporada, los congelados son la mejor alternativa práctica y saludable.

¿Qué propiedades tienen los guisantes?

Los guisantes son una fuente excelente de fibra, proteínas vegetales y vitaminas del grupo B, especialmente ácido fólico. También contienen hierro, magnesio y antioxidantes naturales, nutrientes que favorecen el metabolismo, la salud cardiovascular y la energía diaria. Su bajo contenido en grasa y su efecto saciante los convierten en un alimento ideal para mantener una dieta equilibrada o para quienes buscan perder peso sin renunciar al sabor.

¿Cómo evitar que los guisantes queden harinosos?

El secreto está en el tiempo de cocción. Los guisantes deben cocinarse solo unos pocos minutos, hasta que estén tiernos pero aún firmes. Si se hierven o cuecen demasiado, el azúcar natural que contienen se convierte en almidón, lo que les da una textura seca y harinosa. Para mantenerlos perfectos, puedes escaldarlos de 7 a 10 minutos y luego pasarlos por agua con hielo: así conservarán su color, dulzura y textura al dente.

¿Qué combinaciones realzan su sabor?

Los guisantes combinan especialmente bien con ingredientes que contrasten su dulzura natural. El jamón curado aporta un toque salado y umami; la menta fresca y el limón realzan su frescura; y los quesos curados o feta añaden cremosidad y profundidad. En platos fríos, unas gotas de aceite de oliva virgen extra y hierbas aromáticas bastan para resaltar su sabor sin opacarlo.

¿Se pueden usar guisantes en platos fríos?

Por supuesto. Los guisantes cocidos y enfriados son perfectos para preparar ensaladas, sopas frías o purés ligeros. Mantienen su color brillante y su textura jugosa, además de aportar un toque dulce muy agradable. Una buena idea es combinarlos con ingredientes frescos como pepino, yogur o hierbas aromáticas para crear platos veraniegos y saludables.

¿Cuánto tiempo duran los guisantes cocidos en la nevera?

Los guisantes cocidos pueden conservarse perfectamente entre 3 y 4 días en el frigorífico, guardados en un recipiente hermético. Si quieres mantener su color y textura, deja que se enfríen antes de guardarlos y evita recalentarlos varias veces. También puedes congelarlos una vez cocidos, extendidos en una bandeja, para tenerlos listos en cualquier momento.

¿Qué tipo de guisante es mejor para cada receta?

Depende del resultado que busques. Los guisantes frescos son ideales para platos ligeros o de temporada, donde el sabor y la textura sean protagonistas. Los congelados son perfectos para el uso diario, por su practicidad y constancia. En cambio, los guisantes secos o partidos son mejores para purés, sopas o guisos tradicionales, gracias a su sabor más intenso y su alto aporte de proteína vegetal.